Cartonerita niñabonita


El martes 7 de septiembre a las 20,30 se presentó en la librería la colección Cartonerita niñabonita, con la presencia del editor David Giménez, y de los autores del libro Wladimir & Estragón: Isidro Ferrer y Carlos Grassa Toro.

“El libro cartonero tiene una belleza estética que emociona”

Isidro Ferrer, Grassa Toro, David Giménez y Sara López.

Isidro Ferrer, Grassa Toro, David Giménez y Sara López. | VÍCTOR IBÁÑEZ
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David Giménez presentó ayer en la Librería Anónima su proyecto “Cartonerita Niña Bonita”

Durante un viaje a Buenos Aires, un libro cartonero le guiñó el ojo a David Giménez y, con el paso del tiempo, el aragonés se dio cuenta de que parte de su corazón se había quedado atrapado entre las tapas y los colores espontáneos de aquel fascinante objeto.

Myriam MARTÍNEZ

08/09/2010


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HUESCA.- Tiempo después, cruzó de nuevo el oceano. El fenómeno que había conocido en la editorial argentina “Eloísa Cartonera” se había expandido por todo el territorio latinoamericano. En esta ocasión, el destino de David fue Montevideo. Allí recaló con su editorial independiente “Libros del imperdible” para presentar un nuevo título que acababa de publicar. En la misma ciudad uruguaya, “La Propia Cartonera” editó unos poemas escritos de puño y letra por el propio David Giménez, “David Liquen” en sus horas de escritor, y el aragonés se quedó un par de días pintando cartones.

“Me di cuenta de que aquello era muy bello y, en los tiempos que se avecinaban, era además muy necesario -explicó ayer a este periódico-. Igual que fuimos nosotros a conquistarles, pensé que había llegado el momento de que nos conquistaran con sus libros y sus ideas”.

Y regresó a España con un propósito claro, que ya ha cobrado vida y ayer se presentó en Huesca, en la Librería Anónima, con el delicado nombre de “Cartonerita Niña Bonita”, una sorprendente iniciativa que pasa a enriquecer el patrimonio editorial aragonés.

“Los libros cartoneros nacieron con la crisis del Corralito en Argentina. Los argentinos son los más creativos del mundo. En la austeridad, tres o cuatro intelectuales decidieron comprar cartón a los cartoneros y con él hicieron las tapas de los libros. Crearon una cooperativa en el Barrio de La Boca, al lado de La Bombonera, y pintaron cada libro. Cada ejemplar es un libro único, con una belleza deteriorada; pobre, pero muy bonito”.

En su nueva editorial cartonera, David Giménez trabaja el cartón y dos ilustradoras hacen el resto. Cuenta con orgullo y hasta cierta sorpresa cómo se ha hecho “famoso” su sello. “Editamos a Grassa Toro e Isidro Ferrer y presentamos su libro “Wladimir & Estragón” en Madrid, en “La Mar de Letras”. Se vendieron todos los libros cartoneros que llevamos, hasta los de exposición, y a partir de entonces comenzamos a recibir mails de muchas librerías de España que querían comprarlo e incluso de una de Brasil. También hemos recibido correos de gente para que le editemos”.

David bromea también con el pequeño fenómeno mediático que se formó en torno a su iniciativa. En un titular llegó a “enfrentarse”, incluso, el libro cartonero versus el e-book o libro electrónico. “Me gusta copiar a los latinoamericanos -afirma abiertamente. Allí hay un movimiento importante, porque estas editoriales tienen una gran capacidad para editar inmediatamente, porque resulta muy barato. Prácticamente sólo se pide una mínima calidad”.

En su todavía corta andadura, “Cartonerita Niña Bonita” ha sacado ya al mercado seis títulos y está trabajando con otros tres más.

WLADIMIR & ESTRAGÓN

David Giménez estuvo acompañado ayer en la presentación de la nueva editorial por una de las ilustradoras de Cartonerita Niña Bonita, Sara López, que insistió en el carácter artesanal del proyecto. “A veces me ayudan mi abuela o mi prima, y también los pintamos en talleres de niños”, indicó. Tampoco faltaron a la cita el escritor aragonés Grassa Toro y el ilustrador Isidro Ferrer, que a su vez mostraron al público su libro “Wladimir & Estragón”, editado con “Cartonerita Niña Bonita”.

Tras la bienvenida del propietario de la librería, José María Aniés, David Giménez explicó, en una hilarante intervención, los pormenores de la puesta en marcha de su sello y su relación con Grassa Toro y Ferrer.

El ilustrador ahondó en el germen del proyecto, por el que dijo sentir “muchísimo cariño”, y recordó que comenzó dibujando un pajarito y un gato esquemático y a partir de ahí propuso a Grassa Toro crear una historia. “Al final sustituí el pájaro por un ratón y, como homenaje a la obra de Samuel Beckett, los personajes se hacen las preguntas más absurdas, se cuestionan lo que está a su alrededor y se dan respuestas libres e imaginarias. Wladimir es la ingenuidad y Estragón es como una enciclopedia que tiene respuesta para todo”.

Grasas Toro refirió al público asistente que el proyecto de “Wladimir & Estragón” se inició en 1997 y al año siguiente vieron publicada su primera historieta en una página entera de El País. Durante dos años, sus creaciones aparecieron en distintas revistas de Madrid, Valencia y hasta Portugal. El escritor aseguró que fueron años en los que le cambió la vida y la escritura. “Creo que descubrí el diálogo como hilo narrativo, aunque eso lo he sabido ahora -confesó Grassa Toro a este periódico-. La verdad es que nosotros nos lo planteamos como un juego, en el mejor sentido de la palabra, pero era algo muy íntimo”. Para David Giménez, “Wladimir & Estragón” “es un cómic surrealista, muy gracioso y patafísico, que resulta imprescindible”.

La iniciativa del editor aragonés parte de la sencillez y la honestidad. El objetivo es acercar la cultura al mayor número posible de lectores. “El libro cartonero tiene una belleza estética que emociona, es un libro individual, el tuyo no es como el mío, es un libro de autor -asegura apasionadamente-. Eso, en un mundo donde todas las hamburguesas son iguales, es un valor”.

El editor observa que en el objeto es aprecia la pobreza, pero también advierte un éxito en este aspecto. “Yo estoy interesado en el modo de expresión de las minorías, de los “sintecho”, de los don nadie”.

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