Encuentro con Jacqueline Veuve

El martes 24 de marzo, en el marco de la IX Muestra de cine realizado por mujeres que organiza el Colectivo de Mujeres Feministas de Huesca, encuentro con Jacqueline Veuve a las 16 horas en la librería, donde hablará sobre El campo de concentración de Revesaltes 1941-1942
Adjuntamos aquí el artículo de Sara Ciria publicado el 25 de marzo en Diario del Altoaragón
“En plena guerra, siempre hay gente que hace algo por los demás”

Jacqueline Veuve habló ayer en Huesca sobre el campo de concentración de Rivesaltes
La etnóloga y cineasta suiza Jacqueline Veuve narró ayer en la Librería Anónima de Huesca cómo rodó el documental “Journal de Rivesaltes” (Diario de Rivesaltes), que se proyecta hoy en la Muestra de Cine Realizado por Mujeres (19 horas en el Teatro Olimpia). La película se inspira en el diario de la enfermera suiza de origen austríaco Friedel Bonhy-Reiter, que trabajó en el campo de internamiento de Rivesaltes durante los años 1941 y 1942. Durante ese tiempo, pasaron por allí gitanos, judíos, alemanes y también muchos españoles.
Sara CIRIA25/03/2009


HUESCA.- Veuve llevaba veinte años veraneando cerca del lugar donde estuvo el campo, pero fue tras recibir como regalo el diario de Friedel cuando conoció una historia de la que nadie en la zona le había hablado antes. Se trata de un acontecimiento bastante desconocido, al igual que los otros dieciséis campos en la Francia no ocupada por Alemania. “A Francia le costó reconocer que en el país hubo campos de concentración, o de internamiento. Es algo no exclusivo de este país, porque también en Suiza hay cosas que no aparecen en la historia”, reflexionó.
Encontrar a Friedel en Basilea no le resultó difícil, aunque sí le costó convencerla para que colaborara en un rodaje que le interesaba mucho. “Existen pequeñas heroicidades, en muchos casos obra de mujeres, que no aparecen en ningún sitio”, señaló. Encontrar financiación no fue fácil, ni tampoco los vestigios de un campo casi desaparecido, pero su instinto le alertó de que había “algo” en ese lugar. Sobre la técnica narrativa, decidió combinar la voz en off con declaraciones de los propios protagonistas a la cámara. La búsqueda de los supervivientes la llevó a Israel, Austria y Alemania. Allí rodó sus testimonios, con una lona gris como fondo en una alegoría de su época de cautiverio.
La primera asistencia no llegó de la Cruz Roja sino del Cartel Suizo, grupos sobre todo de izquierda que hacían donaciones. Muchos habían estado en la Guerra Civil española en el bando republicano, según relató Veuve.
La historia del campo fue larga, y tras la Segunda Guerra Mundial se internó en él a muchos presos alemanes, y también a argelinos que apoyaron a Francia durante la guerra de la independencia de su país. Al ser acusados de traición tras lograr Argelia la independencia huyeron a Francia, y allí acabaron en campos como Rivesaltes. “Los prisioneros alemanes fueron tratados muy mal”, explicó la realizadora, que habló con algunos pero no les incluyó finalmente en la película. Veuve todavía se sorprende con lo que sucedió en el estreno del documental en 1997. “Fue en Perpignan ante una sala con seiscientas personas. Ni una sola dijo conocer nada de lo que había pasado. Es difícil creerlo, porque estaba a tres o cuatro kilómetros de allí”, comentó. El alcalde de Rivesaltes no quiso asistir, porque argumentó que “la película iba a arruinar la fama del vino de la zona”. También recuerda un altercado entre un español y un judío sobre cuál de los dos grupos había sufrido más vejaciones. Este triste hecho le hizo pensar que “nadie tiene el monopolio del sufrimiento”.
UNA MUJER EXCEPCIONAL
Jacqueline Veuve no quiso dar ayer muchos detalles de la vida de Friedel Bonhy-Reitel. “Hay que ver el documental”, sostuvo. Sí contó que era de origen austriaco, y tras la Primera Guerra Mundial la adoptó una familia suiza que la educó con rigidez. Sobre su carácter, elogió su generosidad y fortaleza, y aseguró que se trata de una mujer “excepcional”.
Durante el rodaje del documental hubo anécdotas divertidas: una fue el excesivo afán de control del marido de Friedel, que casi obligó a Veuve a expulsarlo, y otra el amago de celos hacia una actriz que contrataron para que la encarnara en su juventud.
Aparte de esto, la historia habla del gran sufrimiento del que la enfermera fue testigo. “Su vida estuvo marcada por el hecho de que a la vez que salvaba a un niño, otro era deportado”, comentó Veuve.
Friedel trató con especial cariño a gitanos y españoles, de quienes le atraía su forma de expresar la afectividad. Contando su historia, Veuve quiere transmitir un mensaje de esperanza. “En un momento como éste, en plena guerra, siempre hay gente que se dedica a los demás y quiere hacer algo por ellos”, concluyó.

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