Presentación de Brindis

La presentación de la nueva novela del escritor Ismael Grasa, editada por Xordica, y cuya ilustración de portada es de Elisa Arguilé, llenó de nuevo la librería de un público entregado. Aquí podéis ver el estupendo artículo de Myriam Martínez en el Diario del Altoaragón del día 15/11/2008 tras entrevistar a Grasa. José Domingo Dueñas introdujo con su buen saber hacer el acto, situando la obra en el contexto de la producción literaria de Ismael así como en su entorno generacional y literario. Posteriormente el autor firmó numerosos ejemplares y departió con sus seguidores oscenses.
Aquí se ve el vídeo con la intervención de Ismael

Y aquí va el texto de la presentación que realizó José Domingo Dueñas:

Todos sabemos que en este género de las presentaciones suelen darse algunas paradojas: la más común es sin duda la circunstancia de que alguien poco o incluso escasamente conocido en el mundo de las artes, de las letras, etc., se anima a presentar sin demasiados reparos a otra persona mucho más conocida. Este es el caso de hoy, pero al tratarse, como digo, de una situación muy generalizada, no insistimos demasiado en ello. Hay otra paradoja que me parece más relevante. Y es que en Huesca, una ciudad en principio tan cuidadosa de sus sagas, de sus tradiciones, se permite que alguien de fuera pueda presentar a un oscense de toda la vida -como se suele decir-. Pienso que esto es un síntoma de algo que percibo hace tiempo, y es quienes vivimos aquí, en Huesca, vivimos en un lugar cada vez más abierto al mundo, contra lo que a veces se dice, un lugar que sin perder el tarro de las esencias procura situarse a la altura de los tiempos. Evidentemente, este lugar donde nos encontramos ahora, la librería Anónima contribuye y mucho en este sentido.
Podría decirse que yo he seguido el recorrido geográfico inverso al de Ismael Grasa. Proveniente de Zaragoza me instalé en Huesca hace ya unos años, y él, oscense de nacimiento, vive desde hace un tiempo en Zaragoza, claro que él, en vez de ir por el atajo, ha llegado a Zaragoza pasando por Madrid, China, Nueva York, etc. Y este es un dato relevante para entender sus libros, porque las referencias literarias de Ismael hay que buscarlas un poco en todas partes. Él ya no padeció apenas el cierre de fronteras culturales del franquismo, nació en 1968, con la generación del baby boom, la época en que España volvía a mirar al mundo tras bastantes años de mirarse necesariamente el ombligo y de lamerse las heridas. Ismael pertenece a la generación, por ejemplo, de Felipe de Borbón, del también célebre Félix Romeo, de Aitana Sánchez Gijón, David Trueba, Carla Bruni, Alejandro Sanz, Ignacio García Valiño, etc.
Ismael Grasa es oscense, como decimos, pero escritor prácticamente desde un principio de alcance nacional, como es bien sabido. Autor ya de cuatro novelas, un libro de viajes, una colección de poemas y cuentos u otro libro de relatos, Trescientos días de sol (2007), con el que mereció el premio Ojo Crítico de Narrativa. Ya su primera novela De Madrid al cielo (1994), resultó finalista del Premio Herralde de novela y ganadora del Tigre Juan.
Brindis es su cuarta novela, y responde a una determinada manera de entender la literatura y también la vida. El libro se inscribe dentro de una estética que es también una ética, el llamado “realismo sucio” americano, que tuvo en Bukowski o en Carver a algunos de sus principales escritores. El realismo sucio quiso ampliar el terreno de la literatura, incorporar parcelas que tradicionalmente quedaban fuera de los libros por ser juzgadas indignas. Y todo ello no por el deseo de degradar temáticamente a la literatura sino por el afán de presentar y aceptar la vida en todas sus facetas, de constatar lo que hay sin subterfugios, y poder decir, señores, señoras, esto es la vida, en la salud y en la enfermedad, en lo sórdido y en lo sublime, en lo fisiológico y en lo intelectual, en suma la vida humana sin prismas que la falsifiquen.
Brindis es una novela muy de nuestro tiempo en todos los sentidos: La preocupación fundamental por el individuo como materia literaria y como referencia ética última, el buscar en lo cotidiano la sustancia de la vida, el convertir a los personajes en seres tan vulnerables y perdidos como cualquiera de nosotros, seres cuya heroicidad -si es que la tienen- es vivir cada día, el indagar en el detalle aparentemente mínimo, en la conversación de circunstancias, en principio sin trascendencia, pero que suele revelar los convulsos y encubiertos mundos interiores de los personajes, a menudo a punto de estallar o de revelarse con toda su crudeza, etc. Brindis encierra un trasfondo autobiográfico evidente, pero que no debe llevar a engaño, porque habla de lo vivido, de lo que se le ha ido clavando en las entrañas al autor con el paso de los días, pero no necesariamente de uno mismo. Se trata -como decía Ray Loriga- de pasar por el filtro de lo propio tanto lo propio como lo ajeno. Y es que seguramente ocuparse de la propia vida es lo que exige nuestra época, como cabal reacción de la literatura ante la complejidad de lo actual, como terreno donde cabe perseguir aún ciertas seguridades.
Se dice en la contraportada, en un texto que sintetiza de manera magistral la novela y que pertenece -supongo- al propio Ismael, que Brindis narra la historia de una individualidad ganada. Y pienso que, en efecto, así es, que la novela supone la historia y el triunfo de la libertad individual, de un abrirse paso entre circunstancias a menudo poco propicias que si en un principio parecen empujar al protagonista, Juan, de un lugar para otro, de manera progresiva es él quien decide y controla en lo posible las circunstancias.
En relación con ello, puede decirse que “Brindis” es propiamente una novela de formación, porque asistimos a la configuración del protagonista como individuo a través de muy variados episodios y escenarios. Avatares de amor y de desamor, días de sexo y de soledad, de escasez y de cierta abundancia confluyen en el personaje. Otro acierto de la novela es el título, que alude a varios momentos en que se brinda, en efecto, en circunstancias y lugares muy dispares, pero siempre a modo de apuesta, de empeño decidido por vivir. Con todo, cabe pensar que Brindis viene a decirnos que esto es lo que hay, que la vida es esto y que merece la pena
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