Presentación de La tierra retirada


El viernes 29 de enero a las 20 horas, presentación de La tierra retirada de Mercè Ibarz, con la intervención de la autora y del escritor Ánchel Conte. El libro acaba de ser publicado por la editorial Minúscula en su versión castellana. El original en catalán, La terra retirada, data de 1993 y retrata los estragos, es un decir, del paso del tiempo en Saidí (Zaidín)

que reproducimos aquí:

“En “La tierra retirada” está casi todo lo que soy como escritora”

Ánchel Conte, Mercè Ibarz y Valeria Bergalli, en la Librería Anónima de Huesca.

Ánchel Conte, Mercè Ibarz y Valeria Bergalli, en la Librería Anónima de Huesca. | MIGUEL GARCÍA
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La zaidinense Mercè Ibarz presentó en Huesca la reedición de su libro en castellano

“La tierra retirada” es el primer libro literario de la zaidinense Mercè Ibarz, el que recoge todo lo que es como escritora y, posiblemente, es también la transcripción de su profunda vinculación a la tierra que la vio nacer y a la que regresa siempre que puede desde su otro hogar, en Barcelona. “La tierra retirada” da cuenta de cómo se ha transformado un paisaje con el paso del tiempo, desde un punto de vista crítico y con un estilo narrativo que se nutre de tantos géneros que los especialistas lo consideran inclasificable.

Myriam MARTÍNEZ

01/02/2010


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HUESCA.- La autora altoaragonesa, acompañada de la editora, Valeria Bergalli, presentó “La tierra retirada” el pasado viernes en la Librería Anónima de Huesca, donde el escritor Ánchel Conte realizó un apasionado análisis del libro. Como recordó el propietario de la librería, José María Aniés, la obra se publicó en catalán en 1993 “con mucho éxito”, y, ahora, una editorial “extraordinaria”, “Minúscula”, que en 2010 cumple diez años, la ha traducido. De hecho, es el primer libro que esta editorial traduce al castellano.

Antes de “La tierra retirada”, Mercè Ibarz había publicado previamente una biografía de Mercè Rodoreda y un libro de divulgación de cuestiones políticas vascas en 1981. Estos títulos tenían que ver con los trabajos que la autora iba desarrollando en periodismo. Trabajó en La Vanguardia, primero en la sección de España y, después, en la de Cultura.

Pero “La tierra retirada” es su primer libro literario. Se publicó en Fraga, en una edición local, en 1993, y ganó el premio Humbert Torres. Después se republicó en una edición comercial, Cuaders Crema, en Barcelona. Ahora, se ha vuelto a editar al mismo tiempo en catalán y castellano, y la autora ha añadido a la nueva publicación un epílogo y, animada por Valeria Bergalli, una serie de fotografías.

Por cuestiones de trabajo, la traducción la han realizado Altea Gómez Marco y Marta Hernández Pibernat, y Mercè Ibarz asegura estar muy satisfecha. “Para un escritor, la traducción es muy importante, porque despoja al texto original de cualquier connotación local y se queda en lo esencial. Es lo hermoso de una traducción y no sólo que el escritor tiene ocasión de ganar más lectores, aunque eso también cuenta mucho”.

“En el texto original, utilizo el catalán de Saidí -y se interrumpe para aclarar: “Para mí, siempre será Saidí”-. Es el léxico de allí, porque tenía un gran interés de que se leyera allí. Hay una gran cantidad de léxico que a un lector catalán estándar no le sonará, pero por el contexto lo entenderá”.

En “La tierra retirada”, la autora aborda cómo ha afectado al paso del tiempo a Zaidín y su entorno. “Me impresiona ir a la ermita de Chalamera, antes casi abandonada y ahora restaurada, y los cambios enormes que ha habido en el paisaje, la agricultura y todo lo que está sucediendo en los núcleos rurales. El campo y la línea de costa se han convertido en experimentos para todo, para la especulación, la corrupción y la inmigración”.

Para contar todo esto, como escritora recurre a la memoria, la poesía, el documento y la crónica. “Gracias a la reedición me he vuelto a leer muchas veces este libro y he tenido la oportunidad de ver hasta qué punto casi todo lo que soy como escritora está ahí: mi forma de escribir, la mezcla de estilos, los temas. Es un libro que, además de haberme hecho escritora, ahora me ha hecho fotógrafa”.

Y es que en las dos nuevas reediciones, en castellano y catalán, la autora ha introducido algunas fotografías que tienen que ver con los lugares que más transita en el libro, algunos irremediablemente perdidos, como una finca en la que actualmente se asienta un vertedero.

“Todas las fotografías están hechas desde mi óptica. Muchas de las personas de Zaidín, seguramente, no las reconocerán, porque es otra perspectiva. Yo subo, bajo, ando por los montes y las tiro donde creo encontrarlas, porque las fotos existen antes de que uno las haga”.

La escritora asegura que las imágenes pretenden ser lo mismo que el libro, una evocación de algo que se ha perdido irremediablemente. “La última foto, que es la que escogí para la portada de la reedición catalana, es una imagen de Monegros tomada desde el AVE. Una foto en movimiento, que es lo que me parece Saidí como micromundo de lo que es nuestro mundo. Aquí no se habla de pueblos abandonados. A mí, para entender muchas cosas que están pasando en una ciudad como Barcelona, me va muy bien entender lo que está pasando en Saidí, por ejemplo, la inmigración. Hay un movimiento que es como una olla siempre hirviendo o como moverte en un tren, donde todo pasa muy veloz”.

DESLUMBRANTE

Antes de la intervención de Mercè Ibarz, tomaron la palabra la responsable de Editorial Minúscula, Valeria Bergalli, y el escritor alcoleano Ánchel Conte. Valeria explicó por qué había decidido publicar el libro de la autora bajocinqueña y en la colección “Paisajes narrados” de su editorial, en la que se plantea la aproximación literaria a algún lugar. “Encaja como un guante –señaló-. Cuando leí el libro acababa de aprender el catalán y me deslumbró. Fue un enamoramiento inmediato. Me deslumbró la descripción de la transformación de un paisaje, no desde la nostalgia, sino desde una posición interesante. Hay un ojo crítico con los cambios que se producen, hace balance y mira al futuro. Al mismo tiempo, me llamó la atención la voz de la narradora. Hay algo del brío y descaro de la juventud, y algo de desapego y, al mismo tiempo, de una profunda sensación de pertenencia”.

“La narradora siempre se está marchando, pero al mismo tiempo siempre está regresando –prosiguió la editora-. Por cómo lo cuenta, captamos la relación compleja, llena de matices, que guarda con ese sitio y esa gente. En “Minúscula” nos sentimos muy orgullosos de este libro”.

UN LIBRO DE AMOR

El también escritor Ánchel Conte recordó que su cuna está en Alcolea de Cinca, localidad próxima a Zaidín, por lo que enseguida se trasladó al público su complicidad con Mercè Ibarz, con la que ha compartido una tierra común y un paisaje que ha marcado sus respectivas infancias. “Es un libro de amor –afirmó Conte-, amor a esa tierra tan fascinante. La gente está acostumbrada a la imagen idílica y bucólica del mundo rural, que sobre todo se percibe en la infancia, pero éste es un libro tremendamente político, muy crítico con un sistema económico que no es que esté transformando el campo, es que lo está destruyendo. El futuro es un interrogante”.

A lo largo de su intervención, Ánchel Conte se refirió a algunos emblemas del paisaje del entorno de Alcolea y Zaidín y entre ellos destacó la ermita de Chalamera, donde confluían todos los ribereños del Cinca, y también aportó algunos datos sobre el topónimo de Zaidín, al que se le pueden achacar, según su procedencia, dos posibles acepciones, “lugar donde las aguas se bifurcan” o “el que está encima de la atalaya”. El escritor elogió con entusiasmo la peculiaridad lingüística de este municipio y recomendó la lectura del libro en catalán. “Es un libro pequeño y una gran obra, y lo mismo se podría aplicar a la editorial”, manifestó.

“La tierra retirada”, manifestó Ánchel Conte, es un libro que arrastra, que transmite imágenes con palabras, es la obra de un historiador, de un sociólogo, de un periodista y de un cronista. Cada una de las páginas respira el espíritu crítico de la autora, que exalta y valora el trabajo del campesino, en trance de desa parición. Mercè Ibarz expresa su amor a una tierra, y su enraizamiento y su conciencia de clase le permiten hablar con objetividad pero con un gran apasionamiento, al mismo tiempo, de lo que está sucediendo.

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